domingo, 10 de noviembre de 2013

Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl

Fué uno de los libros favoritos de mi infancia y su relectura continua constituyendo un placer, por la
belleza de la historia, lo enternecedora y fantástica que es. La empatía que consigue un personaje como Charlie, con toda su bondad, es de agradecer y hace pensar que un mundo mejor es posible. La imagen de los 4 abuelos durmiendo en la misma cama, y la bondad de los mismos es una imagen que dificilmente se puede borrar y la fábrica de Willy Wonka, con su interior con ríos, lagos de chocolate y ardillas testea nueces es impagable.
Esta temporada han iniciado la representación de la obra de teatro en Londres, con el director Sam Mendes y tras un arduo trabajo de 5 años!!! de preparación. Y poderla ver ha constituido una maravilla. Disfrutamos todos muchísimo y me hizo recordar cómo disfruté de la lectura de la obra, la cual recomendaría para todas las edades. La ilusión de un niño, la de un anciano, la de una familia, la de un visionario, la de un hombre. La necedad, la gula, la mala educación, la impaciencia, la alienación, la fama, el poder, la ambición y otros explicados de una forma sencilla y directa, con justicia frenadas.
No tengo más que palabras de gratitud para quién escribió esta obra. Y al teatro, gracias por trasmitir el mensaje y que calara en una pequeña cabecita, que disfrutó de lo lindo. Despertó con un "I want a golden ticket", descubrió un gran libro y una gran historia y también alguna reprochable actitud e incluso aprendió a esperar, pacientemente la salida de los actores....bien entrada la noche. Sin rechistar, tal era la devoción-motivación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario